Íbamos camino al centro arqueológico de Caral cuando decidimos hacer una parada en las Lomas de Lachay, un ecosistema ubicado a 105 kilómetros al norte de Lima, en la provincia de Huaura, en plena franja desértica costera. Este espacio constituye un importante refugio para la flora y fauna de la costa peruana asociada a las lomas. Presenta dos estaciones bien definidas: la húmeda, de junio a octubre, y la seca, de enero a mayo. Por ello, la mejor época para visitarlas es durante la temporada húmeda, cuando el paisaje alcanza su mayor esplendor.
Me invade la nostalgia, puesto que la última vez que estuve por estas lomas fue hace más de veinticinco años. Recuerdo que vine solo, en una época en la que el bus que va de Lima a Huacho me dejó en la carretera, en medio de la nada, al pie un cartel que decía “Lomas de Lachay”, la cuales desde ese punto no se divisan. Creo que caminé una hora hasta que llegué a las lomas. Fui recibido por los guardaparques. Recuerdo que no llevé carpa, por lo que improvisé un refugio y cociné a leña. Épocas de juventud.
Nuestro objetivo fue doble: realizar una caminata y observar aves. El recorrido abarca aproximadamente ocho kilómetros a través de senderos bien señalizados, lo que reduce significativamente el riesgo de extravío. Además, nos resultó interesante la posibilidad de pernoctar en las instalaciones de la reserva, una experiencia que esperamos concretar en una próxima visita.
Durante el recorrido también es posible apreciar restos arqueológicos, como petroglifos y pinturas ideográficas precolombinas, ubicadas principalmente en el sector norte de las lomas. Se han registrado más de cuarenta de estas representaciones. En algunas quebradas se observan sistemas de terrazas o andenes de piedra que probablemente fueron utilizados para la agricultura por antiguos pobladores. Estos vestigios evidencian el aprovechamiento de los recursos de la zona y su importancia en el desarrollo de las primeras sociedades de la costa peruana.
La visita permite comprender cómo los seres vivos y el entorno han desarrollado estrategias de adaptación para sobrevivir en condiciones exigentes. Durante los meses de invierno y primavera, especialmente entre junio y octubre, la neblina y la humedad transforman el paisaje, cubriendo las colinas de vegetación. Agosto es, sin duda, el mes en que las lomas se muestran en todo su esplendor.
Las Lomas de Lachay ofrecen tres circuitos principales: el Circuito de la Tara (2.5 a 3 horas), de dificultad moderada y recomendado para jóvenes; un segundo circuito de menor duración (1.5 a 2 horas), de pendiente ligera, ideal para adultos y adolescentes; y el Circuito del Zorro (45 minutos a 1 hora), también de baja dificultad, adecuado para niños y adultos mayores. Nosotros elegimos el primer circuito, de aproximadamente cinco kilómetros, con la particularidad de que dejamos el vehículo en la entrada de las lomas, a unos tres kilómetros del punto de inicio del recorrido.
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