domingo, 5 de abril de 2026

LOMAS DE PACHACAMAC


Entre los meses de junio y octubre, en la costa peruana emerge un ecosistema estacional propio del desierto costero. Este se caracteriza por presentar adaptaciones morfológicas y fisiológicas asociadas a la alta humedad relativa, lo que lo convierte en un importante refugio invernal para diversas especies de fauna. La abundancia de recursos durante la época de verdor favorece la alimentación, el descanso y la reproducción de especies de presencia temporal. Asimismo, estos espacios resultan valiosos para la investigación en biología y ecología, además de poseer un notable potencial como centros de educación ambiental y destinos turísticos.

Uno de estos ecosistemas, cercano a la ciudad de Lima y relativamente seguro para los visitantes, son las Lomas de Pachacámac. Con una extensión aproximada de 150 hectáreas, se ubican a tan solo 34 km de Lima, en el distrito del mismo nombre. Situadas entre la quebrada de Río Seco y las lomas del Manzano, constituyen un área clave para la conservación, enfrentando amenazas como la degradación ecosistémica y la expansión urbana no planificada, impulsada por factores socioeconómicos y socioculturales.




Este ecosistema se reactiva entre junio y octubre gracias a la neblina que cubre los cerros y quebradas orientadas hacia el mar, permitiendo el desarrollo de una vegetación estacional. El recorrido por las lomas toma cerca de seis horas y ofrece la posibilidad de observar altares, socavones, pinturas rupestres, andenes y diversas formaciones rocosas. Además, alberga una rica biodiversidad, con 118 especies de flora silvestre distribuidas en 102 géneros y 49 familias; destacan las familias Asteraceae y Solanaceae, con 15 y 9 especies respectivamente. Predomina la vegetación herbácea, con 23 especies endémicas y 5 en alguna categoría de conservación. Entre la fauna, es posible avistar vizcachas, turtupilines y halcones, entre otras especies.

Se recomienda salir muy temprano de Lima para evitar el tráfico de la carretera Panamericana Sur. En nuestro caso, partimos a las 5:00 a. m., motivados por unas buenas tazas de café, y culminamos el desayuno al pie de las lomas antes de iniciar la caminata. Los senderos, bien señalizados, conducen hacia las zonas más elevadas, desde donde se obtiene una amplia vista panorámica del ecosistema. Allí se aprecia la cobertura vegetal que cumple funciones clave como el reciclaje de nutrientes, la protección del suelo costero superficial y la conservación del banco de semillas. También se pueden observar atrapanieblas, estructuras diseñadas para captar agua de la neblina y contribuir a la restauración de áreas degradadas.

Tras aproximadamente seis horas de caminata, los senderos conducen de regreso al punto de partida. Es importante llevar agua suficiente para la hidratación, alimentos ligeros, un botiquín de primeros auxilios, bastones de caminata y binoculares, especialmente útiles para la observación de aves.



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