martes, 10 de abril de 2018

EXPEDICIONES AL DESIERTO DE CALIFORNIA - VERANO 2018

Foto: K. Barrio. (Laguna Morón)
Una vez definida nuestra ruta de Semana Santa, para fines de marzo de este año, estábamos al inicio del verano austral obligados, en el mejor sentido de la palabra, a entrenar. Para esto elegimos el desierto de California, ubicado en la provincia de Pisco, departamento de Ica, a unos trescientos kilómetros al sur de Lima.


El desierto de California cuenta con casi cincuenta kilómetros de puras dunas, sumado a esto cuatro cadenas de médanos gigantes, dos lagunas naturales: el oasis de La Palma y el oasis de Morón, una laguna que no figura en el mapa y tres oasis secos; todo esto como consecuencia de que el Río Pisco que se encuentra a pocos kilómetros.


LAGUNA SIN NOMBRE: Estudiando la carta nacional pudimos apreciar que en la zona habían tres lagunas de considerable tamaño: Frontón, Costa Rica (también llamada Palma) y Morón, sin embargo al contrastar la carta con la fotografía satelital del Google Maps vimos una cuarta laguna no considerada en el mapa y sin nombre conocido, a la cual le asignamos el nombre de “Laguna sin Nombre” (13°46'06.1"S, 76°03'15.5"W), la cual sería el objetivo de nuestro primer fin de semana de entrenamiento. Para esta primera aventura del año empezamos desde Pozo Santo (13°54'00.5"S, 76°04'22.5"W) marcando en la brújula el rumbo, para recorrer diferentes tipos de terrenos, en especial dunas. Llegar a la laguna nos tomó aproximadamente diez y seis kilómetros, teniendo que rodear en algunos casos algunos terrenos de cultivo ganados al desierto. Una vez en la laguna nos dimos cuenta que ésta era artificial, hecha por el hombre, con ayuda de geomenbranas, lo cual explicaba su inexistencia en el mapa. Luego de un merecido descanso evacuamos la zona hacia un punto denominado Murga, a cuatro kilómetros de la laguna sin nombre.




Laguna sin nombre
LAGUNA EL FRONTÓN – LAGUNA COSTA RICA: Para acceder a estas laguna partimos de un punto sin nombre ubicado a 500 metros del kilómetro doscientos treinta y seis de la carretera Panamericana Sur (13°44'24.4", S 76°09'19.7"W), también por un terreno matizado por grandes dunas, esta vez sin terrenos de cultivo que obstruyeran nuestro camino, sin embargo nos dio mucha pena ver durante los primeros kilómetro de la ruta una gran cantidad de basura urbana llevada a esa zona. Según pudimos indagar este gran botadero de basura ha sido promovido por los mismos municipios de la zona, sumado a esto la quema de basura que afecta de manera considerable al medio ambiente y la expansión de la basura por los fuertes vientos que corren en la zona. Inexplicablemente estos municipios en vez de ver la forma de explotarla turísticamente la zona, la vienen contaminando. Pueden encontrar más información al respecto en: http://rpp.pe/peru/ica/ica-botadero-de-basura-contamina-dunas-de-pisco-noticia-1048266/1. 



Luego de ocho kilómetros de caminata llegamos con mucha expectativa a la laguna Frontón (13°43'45.1", S 76°04'40.2"W) pero esa emoción no duró mucho porque la laguna estaba seca, convertida en un humedal. Un paisaje distinto al visto en el mapa y a las referencias previas ubicadas en la red. Pero la caminata continuaba y tras cuatro kilómetros más de dunas llegamos a la Laguna Costa Rica (Palma) (13°45'42.0"S 76°03'25.3"W) donde encontramos una infraestructura de estilo rústico lista para recibir visitantes, la cual no dudaríamos en utilizar en nuestra próxima visita. De todos los oasis de la zona este es el más impresionante, por el tamaño, vegetación, aves y peces, sumado a esto la infraestructura y el hecho de poder ser utilizado como base para recorrer la zona en plan de entrenamiento.

Laguna Fronton

LAGUNA MORON: En esta ocasión utilizamos como base y punto de partida la laguna Costa Rica (Palma) (13°45'42.0"S 76°03'25.3"W) donde existe una muy bien diseñada infraestructura de estilo rústico lista para recibir visitantes. Asimismo, en esta ocasión cambiamos el formato de entrenamiento: pasamos de clásico formato montañista (estilo trekking) al formato maratón de campo (estilo cross country). Las zapatillas sustituyeron a las botas, las mallas a los pantalones, los polos de manga larga a las camisas y haciendo magia tuvimos que reducir el equipaje a una pequeña mochila Camell Back con cuatro litros de agua y alimento justo para ese día. A esto debemos sumar que por primera vez en años dejamos los bastones de caminata en casa y que la ruta la hicimos trotando.

Kathiuska Barrio
Fueron casi ocho kilómetros de intenso trote y caminata por las dunas y bajo el ardiente sol de febrero hasta llegar a laguna Morón con trescientos metros de largo y ciento cincuenta metros de ancho aproximadamente, aguas de color es verde azulado, rodeada de dunas y médanos de color blanquecino debido a la presencia de restos de arrecifes de coral y bajo un temperatura de 27ºC, nos permitió remojar nuestros encendidos pies, mientras pequeños pececillos devoraban la piel muerta que cubría los mismos.

Foto: K. Barrio. (Jelly Ocaña en Laguna Morón)
Hasta donde pudimos indagar esta laguna es alimentada por aguas subterráneas procedente de las partes altas del distrito de Humay y alberga a una población de peces como tilapias y carpas. Asimismo se pueden apreciar aves de diferentes especies como búhos, lechuzas, gallinazos de cabeza roja, garzas, cernícalos, picaflores, huerequeque y tordo rojo, de las cuales por ciento no vimos ninguna. Lo que si vimos fue la flora local como el huarango, junco, grama salada, carricillo y totora.

Ivan Canturin
Como dato curioso nos contaron que el nombre de esta laguna, se debe a que en este lugar, se refugiaba el bandolero José Morón Cabrera, quien era enemigo de los hacendados y presunto “justiciero de los pobres” a principios del siglo XX. A continuación transcribo un poema de Armando Rebatta Parra que nos ilustra un poco más del tema:

MORÓN (EL BANDOLERO DEL SUR CHICO)

Ardiente es el mediodía/ hiriente la fatiga/ extensa la distancia/ y sedienta la justicia./ Su pecho late agitado/ en densa duna al andar/ de su amigo bayo apeado/ sesenta leguas sin descansar./

Llegando al río Pisco/ entró en el totoral/ y escondido tras un risco/ planeó a Bernales visitar./ Era sábado y en la hacienda/ donde semiesclavo era el peón/ con diez horas la faena,/ cosechaba millones el patrón./

Dejó el caballo en la zanja/ detrás del almacén y cajero,/ escondió su arma en la manga/ y se disfrazó de obrero./ En la puerta dos gendarmes/ cuidaban como perros bravos;/ entró sencillo en silencio/ no sospecharon los “galgos”./

Salió por detrás del pasillo/ en bolsas el dinero llevó/ montó su corcel de brío/ y por el algodonal se perdió./ Pasada una media hora/ se oye al pagador que llora/ grita con ronca garganta/ ¡Morón, se lleva la plata!/

Nunca lo capturaron/ al Robin Hood del sur chico/ quien repartía el dinero/ al pobre, plata del rico./ Lo siguieron por campos desolados/ los guacamayos armados./ Hoy es leyenda en la región/ y “vive”, en su laguna Morón.

Luego del descanso dejábamos atrás las dunas del desierto para cruzar por algunos cultivos de algodón y choclo para, en casi cinco kilómetros, llegar al pueblo de Bernales (13°44'33.4"S 75°57'56.1"W), punto final de la camita desde donde retornamos al Oasis de Costa Rica para tomar un merecido descanso.

Finalmente, corresponde hacer un agradecimiento muy especial a los integrantes del equipo: Ivan Canturin, Jelly Ocaña, Kathiuska Barrio y Fernando Rizolaso, todos muy comprometidos con el proyecto. Muy agradecido por su valioso aporte en cada una  de las caminatas descritas en esta crónica.
                                                                                                Renzo Miranda Ormeño


Foto: K. Barrio.(Laguna Costa Rica - Palma)

domingo, 21 de enero de 2018

ACARI - DUNA TORO MATA - JAQUI


Este proyecto nace gracias a una conversación con nuestro amigo Ivan Canturin, quien en una reunión nos habló del distrito de Acarí, ubicado en el valle que adopta el mismo nombre, a 576 kilómetros al Sur de Lima, y a 21 kilómetros de la carretera Panamericana Sur, a una altitud de 167 msnm. 




En la zona existen rastros muy antiguos establecimientos prehispánicos, el más conocido es, quizá una necrópolis en cuyas tumbas se ha encontrado osamentas envueltas en telas de algodón y cubiertas con mimbre, piezas de cerámica negra u objetos de hueso, caña de madera cuya antigüedad todavía se discute, pero presuntamente de influencia de la cultura Nazca; sin embargo el principal atractivo para nosotros era el desierto existente entre el valle de Acarí y el valle de Yauca, lo cual según los mapas y las referencia implicaría vencer a la duna de Toro Mata, considerada además, la segunda duna más grande y larga del mundo.

La duna alcanzanza los 1,300 metros sobre el nivel del mar desde donde se inicia el descenso en las tablas de sandboard, deporte de aventura promovido en la localidad por Marcos De La Torre Calle, Marilú Casalino Casalino y que ha despertado el interés de los mas expertos deportistas a nivel mundial. 

Nuestro punto de partida fue desde un anexo, ubicado a unos cinco kilómetros al sur de Acarí, desde donde el cruce de la duna de Toro Mata era el más optimo para nuestra caminata. Desde dicha localidad, luego de cruzar el río Acarí, de muy bajo caudal en ese momento, emprendimos rumbo al Este, atravesando varios huertos de olivo, para luego propiamente ascender por la duna.





Trepar la duna, incluso por esa ruta, se convirtió en algo muy exigente. Sabíamos que en los siguientes dos días no tendríamos contacto con pueblo alguno y mucho menos con alguna fuente de agua potable, por lo que las mochilas iban cargadas con todo aquello que nos permitiese subsistir en ese período, en especial agua. Llegadas las 6;30 de la tarde alcanzamos los 700 msnm, desde donde pudimos ver a lo lejos el Oceano Pácifico y la puesta del sol. Si bien no habíamos alcanzado el punto más alto de la duna, era el punto por el cual nos resultaba mas conveniente pasar. A partir de ese momento empezaba una extensa pampa donde llegada la noche solo quedaba acampar.


A la mañana siguiente, a eso de las siete, continuamos con la ruta con rumbo al noreste, con destino a la localidad de Jaqui uno de los trece distritos de la Provincia de Caravelí, en el valle de Yauca, paralelo al valle de Acarí desde donde partimos. En el camino el pasado no nos sería ajeno, puesto que encotrmos restos de cerámica, posiblemente Nazca, la cual contemplamos por varios minutos tratando de imaginar la historia de dichos restos y todo aquello por lo que habrían pasado hace mas de quinientos o mil años, hasta que les diéramos el alcance. Llegando a Lima tratamos de indagar un poco mas sobre el origen dicha cerámica y ubicamos en la Revista de Investigacfión de la Universidad de San Marcos un artículo sobre la “Tradición Cultural de Huaroto de Acarí y su Relaciones con Nasca” y pudimos contrastar las fotografías que tomamos a las muestras halladas y las gráficas publicadas en dicho artículo.




















Siguiendo la ruta que inicialmente trazamos desde el googlemaps encontramos yacimientos mineros abandonados, aparentemente de extracción de piedras y caminos carrosbles aparentemente destinados al mantenimiento de las torres de alta tensión, siendo uno de estos caminos el que nos llevó a los 1 500 msmnm, ese segundo día, aproximadamente a las dos de la tarde, desde donde tuvimos a vista la localidad de Jaqui y el valle de Yauca, pero tan cerca no estábamos por que el desnivel que nos separaba de nuestro destino era de 1 000 msnm y la distancia unos ocho kilómetros. Afortunadamente en dicho punto teníamos señal de telefonía celular lo cual nos permitió ajustar el tramo final con precisión con el uso del google maps asi como cordinar con un contacto, productor de aceitunas del valle de Yauca que nos esperaría en la carretera para llevarnos a Yauca. 


















El descenso nos tomaría cinco horas, por un carretera sinuosa que se usa para el mantenimiento de las torres eléctricas. La distancia se hacia interminable y el sol justamente asomó esa tarde para recordarnos lo pequeños que somos en medio de la naturaleza, sumado a esto que el liquido elemento se nos había agotado hacía ya varias horas. Aproximadamente a las cinco de la tarde llegamos al valle para enfrentar el reto final atravesar un enredado y casi encantado huerto de olivos de unos 1000 metros de largo, hasta que finalmente llegamos al puente sobre el río Yauca Donde nos esperaba el contacto, quien nos traslado a Yauca.

“LA LEYENDA DEL CERRO DEL TORO MATA” 

En épocas de coloniaje existieron unas minas de oro en algún lugar del imponente CERRO DE ARENA, ubicado al este del pueblo de Acarí. El codiciado mineral era explotado por un grupo de españoles, cuya actividad realizaban en secreto por temor a que la gente conociera de la existencia de este riquísimo mineral. Los años pasaron y tuvieron que redoblar en extremo sus cuidados, optando porque las labores de la mina fueran hechas solo por cholos o negros traídos de tierras muy lejanas; sin embargo, los nativos que al comienzo fueron reclutados, jamás regresaron a sus hogares, por lo que los pobladores comenzaron a sospechar y empezó a correr un gran rumor que fue creciendo: se generalizó un descontento total, llegando a producirse serios accidentes, por cuanto corría la voz que a los mineros desaparecidos los habían matado y enterrado en los mismos socavones de la mina. Ante ese inminente peligro, los españoles idearon un ardid y lo pusieron en práctica, aprovechando la profunda ignorancia que reinaba en ese entonces. 

Inventaron el cuento de que el cerro de Arena tenía vida y que se convertía en un gran y descomunal toro de color negro que bajaba bramando y furioso, para matar a los hombres que trabajaban en esas minas. 

Los antiguos peruanos creían que los cerros tenían vida, y para pedirles protección, tenían que pagarle con vidas humanas; estas creencias se mantuvieron en las costumbres hasta mediados del pasado siglo y aún se conservan en algunos pueblos remotos de nuestra patria. 

A los dueños de la mina el ardid les salió muy bien, porque el pueblo lo hizo suyo, aceptándolo y considerándolo como una realidad; vino a reforzar enormemente esta creencia el ruido que se produce en el cerro de arena cada cierto tiempo, fenómeno que continúa produciéndose aún en nuestros días, teniendo la particularidad de asemejarse al mugido de un gran toro. Por eso es que los pobladores tenían miedo de acercarse a las minas, porque creyeron que efectivamente el toro mataba gente, por eso decían: “no vayas a ese CERRO porque el TORO MATA”, derivándose con el tiempo en el CERRO DEL TORO MATA.”


















lunes, 25 de diciembre de 2017

EXPLORACIÓN A LA QUEBRADA ATACRA


Revisando la carta nacional, se puede distinguir con claridad en la zona de Rio Blanco la quebrada Atacra, la cual ofrece un gran potencial para la practica del montañismo, no solo como un ruta alterna a la laguna Rapagna, un clásico del montañismo en el departamento de Lima, sino también a otras lagunas menos conocidas, que es lo que realmente nos interesa.


La idea inicial era, saliendo un viernes por la noche, pernoctar en el Hotel Rapagna ubicado en Rio Blanco, bajo el puente ferroviario, pero lamentablemente dicho hotel ya no opera, por lo que nos instalamos en San Mateo, desde donde nos desplazamos a primera hora (7:00 am para nosotros) al punto de partida en la localidad de Rio Blanco (3 522 m.s.n.m.) (11°44'01.6"S 76°15'31.0"W).


Los primeros dos kilómetros fueron por la quebrada Chueco, bastante conocida por que es la que nos lleva por la clásica ruta a la laguna Rapagna, hasta alcanzar los 3881 m.s.n.m. donde se encuentra el desvío (11°43'19.0"S 76°14'56.6"W) que nos conduce por la quebrada Atacra, en rumbo 100º E. A partir de ese punto el camino se torna borroso por efectos de la erosión y no queda claro por que margen del riachuelo transitar, pero luego de esta experiencia nos queda claro que es por nuestra derecha, si vamos de Oeste a Este, es decir de subida.


Nuestro siguiente tramo, el mas difícil de esta exploración, fue alcanzar los 4 279 m.s.n.m. en una distancia aproximada de dos kilómetros donde un cerco con una puerta de entrada (11°43'39.3"S 76°14'04.8"W) delimitan los terrenos privados del a familia Gutierrez, criadores de llamas de la localidad, cuya casa principal se ubica a quinientos metros del cerco, esto es en las siguientes coordenadas: 11°43'43.1"S 76°13'52.0"W. En este punto conversamos con la Señora Carmen Gutierrez, quien nos confirmo la existencia de un camino carrosable cercano, usado para el mantenimiento de las torres eléctricas de alta tensión, que parte de la carretera central y por el cual se pude llegar a su caserío en aproximadamente cuatro horas. Nos dio el dato del único conductor local que nos podría dar dicho servicio, así de esa manera podríamos explorar la zona con la ventaja de establecer un campamento base en ese lugar de desde allí acceder a las lagunas aledañas como Suricoha. 




Lamentablemente es el final de la temporada, así es que nos quedamos con las ganas de volver el próximo año, con la información acopiada, en un fin de semana de tres días.








domingo, 17 de diciembre de 2017

NAZCA

Por Kathiuska Barrio.


En esta ocasión alistamos las mochilas para visitar la provincia iqueña de Nazca, a tan solo seis horas de Lima y con mucha historia que regalarnos. Un zona que nos dejó con mucha curiosidad cuando hicimos hace unos meses una expedición de sesenta kilómetros a pié por la ruta que une la localidad de Marcona con la Reserva Nacional de San Fernando y la caleta de pescadores de Puerto Caballas y vimos que llegaban unos vehículos areneros haciendo un recorrido por el desierto que nos llamó la atención y pensamos en hacerlo también de modo recreativo, así emprendió la aventura de esta temporada.


Nazca​ es una ciudad peruana ubicada en la región centro-sur del Perú, capital de la homónima provincia de Nazca, situada en la margen derecha del río Aja, afluente del río Grande. Situada a cuatrocientos cincuenta kilómetros al sur de la ciudad de Lima, en un estrecho valle a 520 m.s.n.m. Es una ciudad muy activa, debido a la afluencia de turistas que visitan a diario las milenarias Líneas de Nazca y también por el desarrollo en auge minero, agrícola y comercial de la zona coordenadas 14°49′44″S 74°56′37″O (https://es.wikipedia.org/wiki/Nazca)




Iniciamos el viaje saliendo del terminal Soyus ubicado en la Av. Mexico del distrito de La Victoria. Poco antes de llegar a Nazca, decidimos bajarnos aproximadamente a unos cinco kilómetros antes de nuestro destino para conocer el mirador ubicado al pié de la Pampa de Nazca, que es básicamente un torreón de unos quince metros de altura desde donde se puede visualizar un par de las milenarias líneas que al nivel del suelo son prácticamente imperceptibles, pero desde esa altura puedes divisarlos con mayor nitidez. Estas dos líneas son una como un par de manos y la otra algo muy parecido al árbol de la abundancia pero con raíces, es realmente impresionante. Luego de esta impredecible visita tomamos un bus que nos llevaría a la ciudad, sin embargo un par de kilómetros antes de llegar a Nazca ciudad decidimos visitar los acueductos de Achaco, puesto que aún era temprano. Es anecdótico pero en más de una oportunidad nos ha pasado que preguntamos a los mismos residentes sobre lugares que están tan cerca donde viven y no tienen idea de que existe, felizmente preguntando y volviendo a preguntar llegamos a estos acueductos que datan de hace más de mil años. Es un sistema de ingeniería hidráulica que tiene como finalidad captar las aguas subterráneas, ya que como bien saben esta es una zona árida y desértica y este sistema proveía de agua a los moradores de la zona tanto en esas épocas como en la actualidad, realmente sorprendente.



















Terminamos nuestra visita y nos dirigimos a la ciudad, donde nos contactamos y cotizamos con los operadores turísticos que nos pudieran llevar a hacer la ruta de la Reserva San Fernando en vehículos tubulares. Buscamos muchas agencias y en definitiva en Perú tienes que preguntar en todos sitios porque empezamos con una cotización alrededor de los doscientos soles por persona y terminamos en uno de ciento veinte, que nos ofreció exactamente lo mismo, claro que lo que les cuento es un resumen, porque esta búsqueda nos tomó por lo menos un par de horas; ahora solo quedaba alistar mochilas y descansar ya que el arenero que nos llevaría a la visita saldría siete de la mañana. 



Son las siete de la mañana y ya nos encontramos con el chofer y guía que nos llevaría en un vehículo tubular a la Reserva Nacional de San Fernando, atravezando el desierto. Para suerte nuestra nos tocó un arenero que ya habíamos visto en la caminata que hicimos en la reserva y que nos había gustado mucho ya que era tipo camuflado (desery cammo), muy al estilo aventurero que nos gusta. Empezamos la partida y aunque no lo crean hacia mucho frio, por la hora y claro porque todo el viento nos da directo al rostro, más aun si el vehículo no cuenta con parabrisas. El hacer nuevamente a la reserva la facilidad de un vehículo y por una nueva ruta nos permitió de alguna forma disfrutar mucho más del paisaje, sobre todo de los animales que viven en ella como lobos de mar y pingüinos que no habíamos tenido la oportunidad de observar al detalle aquella vez, y claro, también nos reencontramos con nuestros amigos del SERNANP que nos alegró mucho volver a ver. Esta visita nos tomó prácticamente toda la mañana y ya estuvimos de regreso en la ciudad como a la una de la tarde, justo a tiempo para almorzar y continuar explorando.





Almorzamos un menucillo de por ahí, nada malo y luego decidimos hacer un recorrido por algunos lugares turísticos que te ofrecen en paquetes pero por nuestra cuenta, preguntamos a algunos taxistas y uno de ellos muy amable nos ofreció hacernos el recorrido por una módica suma. Iniciamos por los acueductos de Cantalloc que es básicamente lo mismo que Achaco solo que las estructuras son más elaboradas, se trata de varias construcciones circulares en forma de espiral que conforme el espiral va yendo hacia dentro también va hacia abajo, en total son cuarenta y seis acueductos que hasta hoy muchos son utilizados para el regadío de las plantaciones cercanas. Luego nos llevó a un mirador natural desde donde se pueden apreciar un par de geogliflos “El Telar” y “Las Agujas” ambos tallados en tierra y tienen la forma que su nombre dice, no se conoce mucho sobre el uso que estas líneas podrían haber tenido pero creo que deben haber sido mucho más que decorativas. Finalmente terminamos en los “Paredones” que es una suerte de construcción muy similar a la utilizada en la época inca y se presume que era utilizada como un anexo administrativo entre la costa y la sierra. 


Este interesante resto arquitectónico se encuentra a dos kilómetros de la actual ciudad de Nazca, en el kilómetro uno de la carretera al Cusco, y tiene una dimensión de dos kilómetros de largo por ochenta metros de ancho y se levanta en la ladera de unos pequeños cerros. Desde que los arqueólogos iniciaron sus estudios, identificaron a este sitio arqueológico como “PAREDONES”, pero los estudios históricos han descubierto que su nombre primogénito y de origen incaico fue CAXAMARCA. Paredones fue construido para fines específicos, tales como ejercer un control administrativo y ser nexo entre la costa y la sierra. Por la gran envergadura de sus construcciones, no pudo ser un simple “Tambo Real”, sino que además debió cumplir con esta función administrativa. Fue la residencia del representante del Cusco en esta parte de la Costa, los cuales mantenían su boato, servidumbre, doncellas, administradores, soldados y población ligada a ellos. 




Junto a los “Los paredones”, el Telar de Cantalloc forma parte de los restos arquitectónicos más importantes de Nazca. Conocido también como “El Telar” o “Complejo textil” puede ser apreciado desde una colina aledaña a la zona, muy fácil de escalar. Estos geoglifos (tallados en la tierra) Se dividen en 3 grupos. El primero se caracteriza por los trazos de forma trapezoidal que en un punto determinado llegan a conectarse. El segundo, localizado en el kilómetro 4 de la carretera Puquio, es conocido como “Las agujas” o “Los ovillos”, nombres otorgados por la forma de sus trazos. Otras de las construcciones poseen formas ovoides, rectangulares, y cónicas. El telar de Cantalloc está ubicado a 3 kilómetros de la ciudad de Nazca, dentro de los linderos de la ex hacienda Cantalloc. Desde Nazca, la carretera panamericana sur con dirección a Arequipa es la elegida para llegar a este destino, a 200mts elegida el desvío hacia Nazca- Puquito, hasta llegar al pueblo joven Buena fe (km3). (http://centroturisticodenasca.blogspot.pe/2015/05/telas-y-las-aguja-buena-fe.html)





Terminamos este recorrido y ya nos cogió la noche, solo nos queda descansar para el día siguiente emprender el camino de vuelta a Lima. Fue un fin de semana más recorriendo estos lugares maravillosos que nos ofrece nuestro país, espero tengan la oportunidad de disfrutar este recorrido en algún momento.

Hasta pronto !!